viernes, 1 de julio de 2016

Pablote y Careto, en homenaje

Rúkleman Soto Sánchez
#VozyLetraComuna

Durante el mes de agosto se desarrollará la VII edición de la Bienal Orlando Araujo. La sede para poesía será Calderas. En aquellas estribaciones barinesas que buscan la cumbre andina habrá un gesto universal en perpetuo homenaje a este Escritor significativo y trascendente que está profundamente arraigado tanto en la subjetividad caldereña como en la más abarcadora acción por la vida y la belleza, los anhelos sociales y las prácticas emancipatorias latinoamericanas.


En este contexto me proponen crear la imagen gráfica (logotipo) de un periódico para ese lugar de leyendas y viejos afectos, merecedor de un trazo que traduzca en una sola imagen sus luchas, invenciones y esperanzas. Por fortuna, Orlando Araujo nos legó claves inagotables en su obra, La yunta borracha (del libro Compañero de viaje) describe la inconcebible condición de un montañés corpulento y mal hablado llamado Pablote: “Había sido de los primeros en llegar pero no era fundador porque no había hecho pueblo, ni había tomado mujer, ni se aquietaba en un trabajamento”.

¿Bárbaro fundando pueblo? ¡Qué va! para nuestro incipiente Estado burgués que reemplazaba el enfeudado período colonial, aquel tipo sin modales, sin mujer y sin hacienda, que además bebía miche con “un torete café tinto” no funcionaba, no cogía letra, no agarraba mínimo. Pero lo peor es que “Sin ser propietario tenía la posesión más grande, toda la montaña” y eso, el sistema capitalista ni lo entiende ni lo perdona: lo expropia.

Así que la imagen de esa yunta desafiante con la que quise identificar a esta nueva tentativa comunicacional de los pueblos en rebelión es culpa del sonriente Pablote y su toro Careto, como un homenaje a las resistencias bárbaras, que J. M. Briceño Guerrero dice que nos habitan, y que hoy son de enorme importancia frente a manifestaciones de presuntuosas y elitescas regresiones. El homenaje -cabe la advertencia aquí- es expresión de acatamiento, veneración y respeto, que el medioevo impone y la democracia burguesa decreta, pero que los pueblos en revolución sólo re-conocen si les da la gana.

Hace unos días reportó Alexis Liendo que la gente de Calderas vio un torete “abriendo el alba” en la plaza del pueblo, luego desapareció. Debe andar cimarrón y arrebatado entre maporas y frailejones, “embistiendo como viento, borracho y todo como el dueño pero sin malas palabras y sin risa, echando neblina por las narizotas”.

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