viernes, 23 de septiembre de 2016

Piedemonte, un año de periodismo comunal

COLUMNA: CORPUS
CONSIGNA: TERRITORIALIZACIÓN Y AUTOGOBIERNO DE LA PALABRA
Etiqueta: #VozyLetraComuna
TÍTULO: Piedemonte, un año de periodismo comunal.
AUTOR: Rukleman Soto.
Publicado en: Somos Guaicaipuro Nro. 25 (23/09/2016)

El periódico Piedemonte está cumpliendo su primer año de circulación por culpa de José Roberto Duque, la Comuna Agroturística y Cafetalera del Piedemonte Andino Barinés y los vecinos de Altamira de Cáceres. La experiencia forma parte de un proyecto llamado Boletines Comunales que se puso en marcha desde el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Este proyecto ha recibido apoyo del Sistema Nacional de Imprentas Regionales de la Editorial El Perro y la Rana. Así se vienen dando experiencias de boletines en varios estados del país desde agosto de 2015, cuando se publica la primera entrega de Piedemonte. Rasgos generales de estos impresos son su calidad formal; contenidos enfocados en sus realidades y aspiraciones locales, y su compromiso con los retos de transformación del país.



¿Qué ha pasado con Piedemonte en estos doce meses? tal vez ellos nos cuenten algo de eso en su próxima entrega. Por lo pronto, podemos mencionar que está concebido como periódico-escuela, tiene un taller permanente de periodismo y organiza Brigadas de Reporteros Comunitarios, llega a caseríos recónditos, tiene presencia en la web y hace lo posible por mantener una regularidad mensual.
Si hablamos de impacto, sus nueve entregas han acumulado 3.170 ejemplares en total. En este período cada edición promedia 352,2 hogares alcanzados en una población cercana a las 500 familias (el Instituto Nacional de Estadísticas considera en la actualidad 5.2 personas por familia en Venezuela); esto significa en términos cuantitativos que, en cada entrega, Piedemonte llega a 1.831,4 lectores en un universo de 2.600 habitantes aproximadamente. Son nueve entregas que globalizan 16.482 personas, cifra nada despreciable.

Cualitativamente también hay impacto. En enero, en plena emergencia alimentaria, Piedemonte generó un alboroto en Caracas con una pequeña entrega especial de 70 ejemplares sobre una semilla conocida como tapirama. A partir de allí se inició un programa urbano de distribución y reproducción de ésta leguminosa. Aún se gestaba un Ministerio de Agricultura Urbana y el Plan de los cien días de siembra nacería un mes después.

Los retos sobran. Uno de ellos: devolver la comunicación a la gente. La noción de Comunicación Comunal aparece aquí, entendida como territorialización y autogobierno de la palabra; es decir, como lucha del pueblo en el terreno crítico de los significados, de lo simbólico y de lo epistémico también. Boaventura de Sousa lo llama ecología de saberes (y decires, agregamos nosotros). O sea: los poderosos dicen su palabra, nosotros digamos la nuestra.

Se trata de la insistencia con comunidades y organizaciones sociales en la construcción de un modelo comunicacional propio, basado en la praxis latinoamericana de comunicación popular y el pensamiento decolonial. De esa fuente alimentada durante siglos por Simón Rodríguez, José Martí, Paulo Freire, Boaventura de Sousa y muchos otros, se nutre hoy una comunicología emergente en Latinoamérica.

Al termino de la reunión del Movimiento de Países no Alineados en Nueva Esparta, hay que recordar el impulso que dio esta organización a la crítica del modelo comunicacional imperante (informe MacBride, 1980). Habría que añadir la titánica trayectoria del presidente Hugo Chávez en la materia, pero esto merece un capítulo aparte.

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